Metodología ASIRI: ¿cómo se relacionan el sentir, pensar y hacer en la primera infancia?
Durante los primeros años de vida, los niños y las niñas descubren el mundo a través de sus sentidos, emociones, preguntas y experiencias. Cada juego, conversación, movimiento y exploración representa una oportunidad para comprender lo que sucede a su alrededor y construir nuevos aprendizajes.
Por eso, la educación infantil necesita reconocer que el desarrollo no ocurre únicamente desde lo cognitivo. Las emociones, las relaciones sociales y las experiencias prácticas también hacen parte de la manera en que los pequeños aprenden.
La metodología ASIRI en educación infantil propone una mirada integral del aprendizaje, en la que el sentir, pensar y hacer se relacionan para acompañar el desarrollo de cada niño y niña. En Jardín Ikigai, este enfoque orienta experiencias que conectan la exploración, la expresión y la interacción con el entorno.
¿Qué propone la metodología ASIRI?
ASIRI es un enfoque educativo que plantea una relación entre tres dimensiones fundamentales de la experiencia humana: sentir, pensar y hacer.
Su propuesta invita a comprender el aprendizaje como un proceso integral, en el que las emociones, el pensamiento y la acción se complementan. Esto significa que los niños no solo adquieren información, sino que también experimentan, expresan lo que sienten, establecen relaciones y llevan sus ideas a la práctica.
En la primera infancia, esta integración puede observarse en situaciones sencillas: cuando un niño descubre una textura, expresa lo que siente, pregunta por sus características y utiliza ese material para crear algo nuevo.
Así, una experiencia cotidiana puede convertirse en una oportunidad para desarrollar diferentes habilidades al mismo tiempo.
Sentir, pensar y hacer: tres dimensiones que se complementan
Sentir: reconocer y expresar las emociones
Las emociones están presentes en cada experiencia de la infancia. La alegría de descubrir algo nuevo, la sorpresa ante un sonido o la frustración cuando una actividad no resulta como se esperaba hacen parte del proceso de crecimiento.
Acompañar esta dimensión significa ofrecer espacios seguros donde los niños puedan reconocer sus emociones, expresarlas y comenzar a comprender las de los demás.
Las conversaciones, los cuentos, el juego y las interacciones cotidianas pueden ayudarles a construir confianza, fortalecer sus vínculos y desarrollar empatía.
Pensar: explorar, preguntar y descubrir
La curiosidad es una de las principales puertas de entrada al aprendizaje infantil. Los niños observan, comparan, hacen preguntas y buscan explicaciones sobre aquello que despierta su interés.
Esta dimensión se fortalece mediante experiencias que estimulan la atención, la memoria, el lenguaje, la imaginación y el razonamiento.
Por ejemplo, al observar cómo cambia el agua cuando se mezcla con diferentes materiales, los pequeños pueden formular preguntas, anticipar resultados y descubrir nuevas relaciones a través de la exploración.
Hacer: aprender a través de la experiencia
El aprendizaje también necesita movimiento y acción. Manipular objetos, construir, dibujar, bailar, experimentar y participar en juegos permite que los niños lleven sus ideas a la práctica.
A través de estas experiencias fortalecen la coordinación, la creatividad, la autonomía y la capacidad de resolver pequeños desafíos.
El hacer no consiste simplemente en completar una actividad: implica experimentar, tomar decisiones y descubrir nuevas posibilidades.
¿Cómo se integran estas dimensiones en la vida cotidiana?
Sentir, pensar y hacer no son procesos aislados. Durante la primera infancia se relacionan constantemente y pueden estar presentes en una misma experiencia.
Por ejemplo, durante una actividad de construcción con bloques:
- El niño puede sentir curiosidad y entusiasmo al descubrir los materiales.
- Puede pensar cómo organizar las piezas para construir una estructura.
- Puede poner sus ideas en práctica, probar diferentes formas y modificar su creación cuando algo no funciona.
En una experiencia de juego compartido también puede expresar emociones, escuchar las ideas de sus compañeros, tomar decisiones y colaborar para alcanzar un propósito común.
Estas situaciones muestran que aprender también significa relacionarse con el entorno, descubrir las propias capacidades y construir conocimientos a partir de experiencias significativas.
El papel del docente en el aprendizaje integral
El acompañamiento de los adultos es fundamental para que estas experiencias tengan sentido educativo. Los docentes observan los intereses de los niños, identifican oportunidades de aprendizaje y proponen actividades que despiertan su curiosidad.
También acompañan sus emociones, hacen preguntas que invitan a pensar y ofrecen orientación cuando se enfrentan a nuevos desafíos.
En lugar de anticipar todas las respuestas, pueden abrir espacios para que los pequeños exploren, expresen sus ideas y construyan sus propios descubrimientos, respetando sus ritmos y características individuales.
Jardín Ikigai: experiencias para crecer desde el sentir, pensar y hacer
En Jardín Ikigai reconocemos que cada experiencia de la primera infancia tiene un valor especial en el desarrollo de los niños y las niñas. Por eso, nuestra propuesta pedagógica incorpora la metodología ASIRI como una orientación para integrar las dimensiones emocional, cognitiva y social en las experiencias cotidianas.
A través del juego, la exploración, la expresión y la interacción, buscamos ofrecer oportunidades para que los pequeños descubran el mundo, fortalezcan sus habilidades y construyan relaciones significativas.
Porque durante la infancia aprender no es solamente conocer nuevas cosas: también es sentir, pensar, experimentar y descubrir todo lo que somos capaces de hacer.
